La organización del día a día (Guía del emprendedor III)

Los intelectuales resuelven los problemas, los genios los evitan

  Lucio Anneo Seneca (2AC-65)

 

La idea brillante ya se tuvo, y a quien esté leyendo este post, probablemente la idea le funcionó, pero ¿se le ha sacado toda la rentabilidad que se esperaba?.

Son normales en la empresa esos pequeños errores que surgen de la operativa corriente y que generan gastos que, en conjunto y salvo en situaciones excepcionales, no suponen un riesgo para la estabilidad de la empresa, y que individualmente suele ser visto como una mera contrariedad, desagradable pero asumible.

Aunque, sumándolo todo, ¿es de verdad tan asumible?

Desde el punto de vista de la rentabilidad, las empresas no suelen ‘contabilizar’ esos gastos de forma aislada de forma que puedan ver cuanto les cuestan cada año y el impacto real en los beneficios.

Si es usted empresario, seguro que le ha ocurrido alguna de las siguientes situaciones que le han costado dinero o que, si se dan, le costarán:

-         El sistema informático, y con él las líneas de teléfono, se han caído y la empresa encargada del mantenimiento ha tardado varios días u horas en repararla.

-         El renting del coche que queremos devolver por esto de la crisis y que no podemos sin pagar todo (o casi) el importe pendiente del contrato

-         El vendedor que era autónomo y, como las ventas han caído, hemos intentado despedir pero nos exige la indemnización como trabajador asalariado.

-         El arrendamiento del local que contratamos cuando los precios eran otros y que ahora no podemos cambiar.

-         El inspector de la Seguridad Social, que como los billetes de 500€ se decía que nadie los había visto y un día va uno y entra y no dice que no todo es tan legal y que a ver las cotizaciones del vendedor de antes… y de los demás.

-         El inspector de hacienda que pide ahora los recibos de esa obra que le hizo su cuñado en la oficina por aquello de la nueva normativa de Operaciones Vinculadas.

-         ¿Y quien podía saber que la copia de seguridad de los listados de clientes no se podía guardar en el armario del despacho?

-         Y la empresa que nos hace la limpieza quiebra por aquello de la crisis y la señora que viene a limpiar tiene un sobrino estudiando derecho que le dice que exija ser reconocida como empleada de su empresa y así, al menos, se saca un pico.

-         ¿Y como iba yo a pensar que el sistema de mensajería de la empresa contratado con Google (¡nada menos!) para facilitar el trabajo de empleados y algunos proveedores y clientes, no le parece lo mejor a la CMT (Comisión del Mercado de telecomunicaciones) y me va a buscar un disgusto?

-         Y derivado de esto ¿Cómo iba yo a pensar que al darle una cuenta de correo a un cliente o a un proveedor para facilitar el trabajo me tenía que registrar en algún sitio?

Esas cosas no pasan nunca”, estoy cansado de oír. Pero en casi todas las empresas, esas y otras de las muchas cosas posibles, sí que pasan. Y la diferencia entre tener o no esos gastos sí que supone una diferencia en la rentabilidad, la solvencia y la capacidad de la empresa.

No vengo a decir que todo es evitable porque ello sería imposible, pero sí que cada acto del día a día de la empresa, cada contrato y cada relación debe ser mirado y cuidado no sólo en el fondo, sino también en la forma y en base a las posibles consecuencias caso de que cambien las circunstancias (propias o ajenas).

Porque es en el día a día donde se encuentra la clave de la rentabilidad, la eficiencia y la seguridad de la empresa.

La forma jurídica (Guía del emprendedor II)

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”

             Albert Einstein

Un emprendedor tiene una idea una idea original y distinta que le va a hacer rico. Y así va a la gestoría o asesoría de empresas de debajo de su casa y pide algo tan original como una S.L. y allí se la constituyen o le venden una que tenían en un cajón.

¿Empieza bien el innovador negocio?: ¡pues no lo sé!. Porque, como en los negocios, en esto tampoco hay llaves maestras que abran todas las puertas.

Un colega me dijo en una ocasión: “si alguien entra en el despacho diciendo que quiere una S.L., sólo se la constituyo y le cobro por ello”.

Tal vez pareceré algo más cotilla, pero a mí en ese caso me gusta saber:

-         para qué la quiere

-         cual va a ser su actividad

-         si va a tener socios

-         el grado de implicación de los socios

-         qué va a aportar

-         qué pueden aportar los otros socios

-         si tiene familia

-         su régimen matrimonial

-         si va a pedir préstamos o asumir riesgos directos

-         si en la actividad asume riesgos (aunque aparentemente no sea así)

-         si tiene otras empresas

-         cual es su patrimonio

-         la distribución de su patrimonio

-         cual va a ser su relación con la empresa

-         cual va a ser la relación de su familia con la empresa

-         sus proyectos de futuro tanto personales como profesionales

-         y cualquier otra cosa que a lo largo del cuestionario se me ocurra

Y no es que me agrade particularmente el ‘pasatiempo de portería’, sino que entiendo que son cosas que es necesario conocer para saber si, en función de las circunstancias profesionales, la S.L es la más apropiada. O lo es una S.A.. O una Cooperativa. O una Sociedad Colectiva. O simplemente con que se dé de alta como autónomo sería suficiente (y más barato).

Y por lo que se refiere a las cuestiones sobre familia, patrimonio o situación sentimental, recuerdo a un profesor que tuve en el Instituto de Empresa que nos dijo el primer día del master hace ya muchos años: “ningún cliente debe salir de vuestro despacho sin que le hagáis un estudio patrimonial”. Y mi profesor no lo dijo así, pero sí que quería decir que, aunque aparentemente no tiene nada que ver la situación sentimental con la línea de crédito del banco, tener ambas cosas en cuenta será importante para que sigamos pensando que ambas cosas que no deberían tocarse, no rompan nuestra bendita ignorancia.

Por mucho que lo intentemos, la empresa nunca será un compartimiento estanco sin relación alguna con el empresario-persona ni con el patrimonio del empresario-persona ni con el patrimonio de la familia de este. Y la familia y el patrimonio de las personas que rodean al empresario tampoco nunca serán compartimientos estancos absolutamente aislados del mundo empresarial.

Entre todas estas realidades (empresa – familia – patrimonio- entorno) siempre habrá interrelaciones que deberán ser diseñadas y adaptadas a la realidad de que se trate en cada caso y el adecuado diseño de la forma jurídica tomando en consideración las circunstancias de cada caso será esencial para el buen fin del negocio… y otras cosas.

Yo, al contrario que mi colega, prefiero poder decirle a quien me pide una S.L. porqué es eso lo que necesita y no otra cosa, y decirle después qué hacer para conseguirla. Que para esa parte ya no me necesita.

Emprender… bien (Guía del emprendedor I)

Llevo bastante tiempo pensando en comenzar en este blog una especie de guía básica sobre los elementos que habría que tener en cuenta a la hora de emprender un negocio.

Son puntos o elementos esenciales que pretendo desarrollar más ampliamente en sucesivos posts, pero sirva de momento su mera enumeración como mera presentación de los mismos:

-         La forma jurídica: porque si bien  casi cualquier forma jurídica sirve para casi cualquier actividad, sólo una de las múltiples posibles será la más apropiada, eficiente y económica para los fines que se persiguen.

-         La organización de trabajo diario: porque cómo van a ser los mecanismos y estructuras del día a día necesita ser planificado si se aspira a una organización eficiente y rentable.

-         La planificación del futuro: porque aunque parezca casi el cuento de la lechera, es necesario desde un principio plantearse una estructura flexible que, sin grandes costes, pueda crecer o adaptarse a los cambios que seguro que se producirán.

-         La vida privada: porque el empresario o emprendedor es también una persona con una familia y un patrimonio que deberían ser protegidos y preservados.

En cualquier caso, quiero dejar constancia de que estos futuros posts no pretenden proporcionar soluciones concretas y perfectas para cualquier caso, porque tal cosa no existe, sino dar una visión general de las posibilidades, riesgos u oportunidades y beneficios o pérdidas que la correcta (o no) combinación o toma en consideración de estos elementos puede conllevar.

Esto es, en definitiva, como comprarse un traje: se puede comprar uno el traje en Carrefour o se lo puede hacer a medida. Y mientras que uno de esos trajes le quedará más o menos bien, el otro seguro que se ajusta perfectamente a sus medidas.

Aunque en lo que sí se diferencia este tema de comprarse un traje, es en que aquí el traje a medida al final sale más barato que el de Carrefour. Pero eso son detalles que ya serán tratados en próximos posts en referencia a cada uno de los apartados mencionados.

Alquileres con opción de compra

Hace un par de días aparecía en la portada del diario económico Cinco Días una noticia que al final no resultó ser tal al leer su contenido, pero que me dio que pensar.

Se trataba de una propuesta para rebajar el IVA en esas operaciones de alquiler de vivienda con opción a compra en las que una parte del precio final del piso se va pagando en cada mensualidad.

Creo que fue la Comunidad de Madrid la que empezó a extender de forma masiva este tipo de contratos, y si bien los conocía, nunca hasta ahora me había parado a pensar demasiado en ellos. Y ahora que me he parado a pensar en ellos me viene una pregunta obvia a la cabeza: ¿pero porqué existen esos contratos que encarecen la vivienda y con ello hacen más difícil su venta?

La respuesta es fácil y única: porque ese invento se vende bien.

Si no fuera necesario pagar ese 16% de IVA, el arrendatario (futuro comprador) podría, en principio, acceder a una vivienda un 16% mejor. El que con la crisis no puede pagar el precio del contrato, tal vez sin ese 16% de IVA sí que podría. Y por la otra parte, los promotores, constructores e inmobiliarias darían más fácil salida a su stock al ‘vender’ un 16% más barato (Perogrullo dixit).

Sé por experiencia que el consumidor medio no conoce los gastos que tiene que pagar en estas operaciones, así que sirva como imagen el gravamen por IVA en los distintos contratos:

  •  Alquiler de vivienda: exento (0% -cero %-) de IVA
  •  Compra de vivienda nueva: 7% IVA
  •  Este tipo de contratos: 16% IVA

Sin embargo, el consumidor que no conoce los gastos sí que –como Perogrullo– entiende perfectamente que es mejor pagar el 16% menos que pagar un 16% más. Y, al igual que Perogrullo, el consumidor medio compra lo que puede pagar hoy, y no dentro de cinco años.

Entonces, ¿hay alternativa que permita ofrecer el mismo producto sin pagar ese sobreprecio del 16%  de IVA −ni tan siquiera del 7%− durante el periodo de alquiler?

Amparándonos en el mismo artículo del Código Civil en que se basó el inventor de este contrato y que establece que uno puede realizar casi cualquier contrato al que le lleve su imaginación y que el derecho, en contra de la imagen general, tiene mucho de imaginación y creatividad, la respuesta sería: ¡sí que se puede!

A mí, sin haberle dado demasiadas vueltas, se me ocurren distintas soluciones que variarían en función de las circunstancias, de lo que se disponga y se pretenda.

Eso sí, cualquiera de esas diversas alternativas que el Ordenamiento Jurídico nos permite para ofrecer el mismo producto más barato –y sin coste para el vendedor– sólo puede partir del propio vendedor. Y sería tan simple y barato como cambiar el marco jurídico de la relación entre propietario de la vivienda y el arrendatario futuro comprador… hablando en plata: el contrato.

¡Me ha tocado la lotería!

No, a mí no o seguramente no me encontraría ahora mismo escribiendo este post.

El título viene en relación en relación con la chica esta de Mallorca que ha obtenido el mayor premio de la historia de la lotería de Europa (124 millones creo recordar) y los comentarios que, como en todos los casos similares, se vierten en este sentido:

-         Que qué hacer con todo ese dinero: que tapar huecos, que hacer un viaje, que comprarse un coche

-         Que ir al banco a que te regalen un coche, un viaje o una casa (como si los bancos te regalaran el dinero si eres rico)

-         Algunos llegan incluso, en ese primer momento de euforia, a querer entregar parte de ese dinero para alguna ‘buena causa’ a concretar en un futuro.

Todo ello está muy bien, pero lo cierto es que a buena parte de a quienes les han tocado premios muy importantes en la lotería no han sabido gestionarlo y el premio ha acabado terminando con su vida.

Gestionar según qué cantidad de dinero no es fácil ni cómodo y requiere un esfuerzo y un trabajo enorme. Y si no, volvamos a las cifras de la chica de los Euromillones:

124 millones de premio

Un simple depósito, a un modesto tipo del 5% anual, supone unos beneficios directos antes de impuestos -sin hacer nada- de 6.200.000€ al año.

¿un chollo?

Pues llega el señor de la Caja de Ahorros y les sugiere que tienen unas Obligaciones Subordinadas de la propia caja segurísimas a plazo fijo ‘por ser vos quien sois’ cliente VIP de lo mejor a un tipo del 7% en lugar del 5 que le permitiría ganar ¡8.680.000,00€ al año!. Y ahí coloca una parte

Y como se ha hecho muy popular, llega un antiguo amigo con el que compartía sonajero en la guardería y le dice que un cuñado del portero de su edificio es un pardillo que tiene unos terrenos rústicos que van a ser recalificados y con los que puede pegar un pelotazo enorme.

Y tiene familia en Extremadura y un primo lejano, ante la crisis y la drástica caída de las ventas, le convence de que el futuro está en los petrodólares y en la venta de Ibéricos. Con lo que se anima y establece una línea aérea directa Badajoz-Jedah para la comercialización de los excedentes generados por la crisis.

Y un vecino que siempre ha estado comprometido con las ONGs le propone que haga realidad la ‘buena obra’ prometida e invierta en comprar una granja en Zimbabwe para los ‘sintierra’ de esa idem (tierra).

Y para darse un capricho, después de tan sabia inversión, le compra a un famoso la mansión más cara de Mallorca.

Y así, un día, llega el Banco de España e interviene la Caja que resulta ser CCM y dice que las tales Obligaciones Subordinadas son realmente un préstamo a la caja, y que como tal, usted se pone a la cola de los acreedores. Y que cuando las ranas críen pelo verá algo de su dinero.

Y llega la crisis inmobiliaria y un fiscal anticorrupción, antes de unas elecciones, decide que la recalificación de los terrenos no está clara y que habrá que pasar por 15 ó 20 años de juicios para aclararlo.

Y, obviamente, los ibéricos no tienen la acogida esperada.

Y Robert Mugabe, en Zimbabwe, decide que como blanco esclavista es usted un imperialista, colonizador, ‘apropiador’ de sus riquezas y le expropia la granja sin pagarle nada y se la da a los mismos ‘sintierra’ a los que usted quería entregárselas, que al estar más cabreados la acaban quemando.

Y finalmente llega una ministra que decide que la Ley de Costas, después de tantos años, hay que aplicarla y le derriba su mansión de Mallorca.

Y los disgustos también pasan su factura.

Obviamente todo lo aquí contado es un cuento, pero no es sino reflejo de lo que ha pasado en la mayoría de los casos de grandes premios de la lotería.

Con uno de estos, se quiera o no, se convierte uno en una empresa que genera enormes beneficios e intereses. Y toda empresa necesita para subsistir de unos mecanismos, unas estructuras y un asesoramiento legal, económico y financiero profesional a los que ninguna persona −por preparada, motivada y dispuesta que esté− puede llegar por sí sola.

Abogados e Internet

Acabo de descubrir que es más fácil encontrar en Internet a una polaca casada que ha cambiado de nombre después de 15 años que a un abogado que ejerce en España.

¿No me creen?. Pues prueben a introducir el nombre de un abogado en Google y verán que en una amplia mayoría de los casos lo que obtendrán no será nada más que su nombre en algún boletín oficial.

Esta semana, por circunstancias personales que no vienen al caso, he tenido que buscar a compañeros de facultad que en la mayoría de los casos no veía desde el ya lejano año de 1991. Y como me parecía lógico transcurrido tantos años, lo primero ha sido echar mano de Google.

Ya había buscado antes a ex compañeros (extranjeros en su mayoría) de un master en el extranjero y no había sido tan difícil contactar con la mayoría de ellos (incluida la polaca que mencionaba antes). Pero con los abogados en España ha sido imposible.

Sabía –como la mayoría de la población– que los abogados y la tecnología (nueva o vieja) no nos llevamos bien, así que no esperaba encontrar a ninguno en las web 2.0. Pero que tampoco estén en las web 1.0 y que los mejor colocados estén casi en una versión beta de Internet, reconozco que me ha sorprendido.

El sabio Perogrullo dice que el mundo está cambiando a una velocidad nunca vista anteriormente. Existe una realidad nueva al margen del mundo de nuestros padres y nuestros clientes que sí que están en ese mundo.

Este mundo cambiante genera nuevas formas de pensar, y de crear. Nuevos modelos de negocio que genera y necesita de nuevos tipos de contratos más flexibles, abiertos y creativos.

Si los abogados no conocemos y nos adaptamos a ese mundo, no lo entenderemos, ni entenderemos a nuestros clientes, ni entenderemos sus necesidades, no podremos entonces cubrir sus demandas. En conclusión: no haremos bien nuestro trabajo.

Ya he criticado en este blog anteriormente la calidad de los servicios jurídicos que se prestan en España, pero tras mi experiencia de esta semana, creo que esa brecha entre esta calidad y lo que se nos demanda se irá ampliando cada vez más si no nos esforzamos y ponemos remedio.

Actitud ante crisis: lo que oí ayer

Ya vengo tratando desde hace tiempo en este blog sobre la crisis y las situaciones que a nivel personal esta está creando. Los despidos se suceden y la inseguridad laboral se hace cada día más patente. Todos los informes económicos afirman (con absoluta unanimidad) que esta situación puede llevar años. Y ante ello vemos las dos posiciones contrapuestas con las que se está afrontando la situación:

  1. Esperar a que pase la tormenta: Corriente mayoritaria encabezada por nuestros sabios gobernantes, los sindicatos y una inmensa mayoría de los poderes económicos que han conseguido, prácticamente, paralizar la economía del país desde hace ya más de un año.
  2. Adaptarse y ‘hacer algo’: Corriente minoritaria liderada mediáticamente por el popular, cercano y televisivo, aunque sabio, profesor Don Leopoldo Abadía. “hacer, ¡lo que sea!”, dice él.

Me he fijado en esto por una situación bastante particular que me encontré hace unos días.

Por un lado, un alto directivo de una importante empresa nacional, con años de experiencia y un  M.B.A. por una prestigiosísima escuela de negocios, había leído uno de estos informes sobre la crisis que afirmaban que podían faltar 10 años para la recuperación económica. Catástrofe que, a pesar de no ser nada nueva para cualquiera que lea a diario la prensa económica, este alto directivo asumió de forma pasiva y resignada. “¡Ante eso, nada se puede hacer!”.

Por contra me contaban que uno de sus subordinados, un empleado sin más preparación económica que mantener a una mujer con un empleo precario y tres niños en edad escolar (que no es poco), viendo peligrar su puesto de trabajo, se planteaba cobrar un despido cuando aún está a tiempo, capitalizar el paro e invertirlo todo en un negocio que se le ha ocurrido.

 Por una parte me llamó la atención en este caso porque la prestigiosísima escuela de negocios, que inculca a las élites económicas del país la capacidad de iniciativa, de innovar y de adelantarse y adaptarse a los cambios por el módico precio de casi 60.000,00€ (sí, ¡sesenta mil Euros!), en este caso, ha fracasado.

Y por otra parte porque reafirma que no es necesario ser un reputado economista para tener iniciativa y una idea de negocio. Microsoft nación en una garaje, Google en un dormitorio de un campus universitario, y hasta un argentino amante del jazz se inventó, literal y sucesivamente, una empresa inmobiliaria, una de biotecnología y varias de telecomunicaciones y servicios de internet.

No sé si este subordinado del que hablaba triunfará en su proyecto, pero lo que es seguro es que, de los dos casos planteados, es el único que puede salir de la crisis y generar riqueza. Todo dependerá de si se deja asesorar, por quien y como, de sus capacidades y hasta de su suerte. Porque la iniciativa, las ideas y la capacidad de adaptación no se pueden comprar, pero un buen asesoramiento sí. Lo que cuenta en un principio es la idea

Como me interesó su caso ha quedado en llamarme para hablar un poco de su proyecto, así que intentaré explicarle de una forma realista lo que se le viene encima y los elementos de principio esenciales para que el proyecto pueda –tal vez– salir bien. Ese plus que no ofrecen las “gestorias” a las que casi todo el mundo acude y que en su mayor parte ofrecen en creación de empresas casi la misma información técnica que Google… aunque esta ya es otra historia.

Pd: Y finalmente, aunque no sea propiamente el tema de este post, quisiera terminarlo señalando que no pretende ser este una crítica  las Escuelas de Negocios, que en la inmensa mayoría de los casos sí que inculcan a sus alumnos esa forma de pensar que permite adelantarse y adaptarse a los cambios e innovar (al menos las buenas), sino a una mentalidad que desgraciadamente se puede encontrar hasta en esos círculos.  

La quiebra de mi carnicero (versión dramatizada)

El plan de Marketing

Mi carnicero, con esto de la crisis lo está pasando fatal. Según dice la pescadera, porque la gente ha pasado del chuletón a la lechuga y cada vez vende menos. Y según dicen las malas lenguas, está al borde de la ruina.

Hoy he ido de compras, y este  mi carnicero ante este panorama, en un cuidadosamente detallado plan de marketing, había emprendido una agresiva campaña de promoción que le tenía la tienda llena de señoras y curiosos peleándose por el turno para conseguir la:

GRAN OFERTA ANTICRISIS

- 1kg de pechugas de pollo,

- ½ de alas de pollo,

- ½ de muslos de pollo

- ½ docena de huevos

- y un pollo entero de 1,5 kg,

¡¡¡Todo por  SÓLO 15,00€!!!

 

Como hay confianza porque está al lado de casa, y como la actitud  de las señoras se volvía cada vez más agresiva de forma que me hacía temer incluso por mi integridad, decidí pagarle a mi carnicero los 15€ quedando en pasar más tarde a recoger la ‘granja avícola’ que tenía de oferta.

Al incumplimiento por los conflictos

Justo antes de cerrar a la hora de comer he pasado a recoger lo pagado.

Ya al entrar he encontrado los restos de la batalla en la que, según me cuenta, las señoras, tras no alcanzar un acuerdo consensuado sobre los turnos y utilizar los huevos como proyectiles, han acabado devorando en crudo e in situ, el pollo, unas morcillas de Burgos que acababa de recibir y hasta a parte de mi carnicero (atentado este contra su persona llevado a cabo por una alguna señora de aspecto distinguido que al grito de “el carnicero me resulta atractivo” −aunque con palabras algo menos elegantes e irrepetibles en este post− le tiraba mordiscos a discreción.  

El resultado del conflicto es que mi carnicero ha perdido la pulcritud y orden de su establecimiento, la honra y mi pollo.

¡Pero yo ya lo había pagado!

Le exijo el pollo, y a pesar de su deseo −que dice verse truncado por factores externos tales como la crisis, las restricciones de crédito, la situación crítica del mercado (obvia en su tienda) y su honra mancillada− no me lo puede dar porque no le queda nada.

Al juzgado y fiasco

Preso de furia e indignación me dirijo directamente al juzgado y le demando para que me devuelva el dinero o me entregue el pollo. Y como el acreedor que creo ser −y ante lo que se rumorea de su ruinosa situación financiera−, insto en otro juzgado el Concurso de Acreedores del carnicero para asegurarme las garantías que otorga la Ley Concursal (antigua suspensión de pagos y quiebra). 

Ala salir ya con cierto desahogo del segundo juzgado de lo Mercantil, me encuentro con  el Juez titular del mismo, y en la misma escalera le relato mi catástrofe. Este juez, ante mi perplejidad, me dice que no puedo hacer lo que pretendo. Que no soy acreedor. Que no tengo derecho a instar el Concurso y que, a pesar lo que afirma algún prestigioso diario nacional hoy, esta resolución no perjudica mis derechos como comprador ni “cierra una vía para que los particulares reclamen deudas y consigan liquidez

¿Raro? Pues esta ha sido la misma reacción de un buen señor en Málaga en la compra de su vivienda sobre plano y la misma respuesta ha obtenido.

El porqué

El art.3 de la Ley Concursal establece: “Para solicitar la declaración de concurso están legitimados el deudor y cualquiera de sus acreedores

Lo que me ha dicho el Juez y lo que ha establecido el Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Málaga, con absoluto respeto a la ley (y a la lógica jurídica), es que ni este señor con su piso ni yo con mi pollo somos acreedores porque no hay una deuda determinada. Se puede entregar el pollo/el piso, o el dinero, o la correspondiente indemnización en su caso. Y además el primer juzgado no ha resuelto sobre la demanda de resolución del contrato de compraventa.

El derecho de crédito del que somos titulares no está suficientemente determinado: “origen, naturaleza, importe, fechas de adquisición y vencimiento y situación actual del crédito”, exige le Ley   

Para ser acreedores y poder así instar el Concurso de Acreedores deberíamos haber resuelto previamente el contrato e instado la devolución de las cantidades entregadas a cuenta. Y sin esto, no hay deuda y estamos legitimados para solicitar la quiebra (actualmente Concurso de Acreedores).

 

La crisis y la imaginación en las relaciones laborales

Aunque a la mayoría de los mortales les parezca raro que a alguien le pueda llamar la atención un Artículo de una ley. A algunos abogados nos pasa.

En mi caso concreto, el artículo que me ha llamado más la atención desde mis ya lejanos años de facultad, ha sido ese del Código Civil que dice que las partes en un contrato pueden pactar lo que quieran siempre que no sea contrario “a las leyes, a la moral ni al orden público”.

Este simple artículo abre un mundo de posibilidades a cualquiera con un mínimo de imaginación, creatividad, flexibilidad y capacidad para innovar. No hay contratos ‘estándar’. Casi cualquier proyecto se puede llevar a la práctica.

Pero esto es un tema que ya tocará a su debido momento en este blog. Lo que me sugiere esta idea es, en esta situación de crisis “¿porqué no aplicar esta ‘flexibilidad’ y esta imaginación de las relaciones mercantiles a las relaciones laborales?.

Planteamiento:

1.      Por si alguien no se ha enterado: estamos en crisis

2.      Por si alguien tampoco se ha enterado: la medida estrella para rebajar costes es el despido individual o el expediente de regulación de empleo (ERE).

3.      Y por si alguien no lo sabe: eso es muy malo para el trabajador que se queda en paro; pero también para la empresa que pierde en muchos casos personal cualificado, integrado y productivo que le costará recuperar cuando las circunstancias cambien.

Y es ante esa situación ante la que la creatividad, la iniciativa y el diálogo de las partes pueden hacer algo para evitar lo que se tiene como inevitable.

Sugerencia:

  • Acuerdo para la reducción salarial temporal
  • Reducción de jornada con la consecuente reducción de salario.
  • Excedencia voluntaria durante alguno o algunos meses (coincidiendo con las vacaciones escolares, por ejemplo).  
  • Reducción –con compensación futura o no– de los beneficios hasta ahora existentes en algunos casos (ticket restaurante, seguro médico, bonus, etc).
  • Reducción de costes fijos a través de soluciones como el teletrabajo.
  • Implementación de programas que incentiven entre los trabajadores la reducción de costes y gastos fijos (electricidad, , teléfono, material de oficina, etc).
  • Implementación de programas que vinculen el salario a la productividad.
  • Programas de fomento, en su caso, de la movilidad tanto geográfica como funcional dentro de la empresa.
  • Renegociación, ante la situación de crisis, de contratos fijos como arrendamientos.
  • Replanteamiento de los contratos de suministro y análisis de su costo. Por ejemplo existen empresas que realizan estudios sobre los gatos en telecomunicaciones de las empresas y ofrecen las soluciones más económicas.
  • Cualquier otra de las soluciones a las que casi sólo la imaginación y las circunstancias pueden poner límite.

Porque para el empleado todo es mejor que el INEM

Porque, sin olvidar el coste del despido, para la empresa todo es mejor que la destrucción del tejido productivo… porque la crisis pasará y para eso también hay que estar preparado.

Y porque todos estos sacrificios son en principio temporales hasta que la empresa recupere toda su actividad y favorables para ambas partes.

Eso sí, al plantear cualquiera de estas posibilidades, será necesario cuidar las formas. Será difícil de justificar desde el punto de vista de la necesaria negociación –y, porqué no, ético–  ciertos sacrificios para los trabajadores si los directivos de la empresa no mantienen al mismo tiempo la debida austeridad en el gasto corriente y no renuncian a otros beneficios tan visibles como bonus, comidas, viajes, coches de empresa o  cheques gasolina.

 

Estación de Penitencia e Impuesto de Sociedades

Es la Semana Santa tiempo de sacrificio, penitencia, ayuno y abstinencia.

Y son nuestros sabios gobernantes los que en bien del alma de los contribuyentes, en este tiempo de recogimiento, realizan estos esfuerzos para que los empresarios cumplan con estos deberes que limpian su alma (y otras cosas).

Para ello, nuestro bien amado servicio recaudador ha modificado el impreso del Impuesto de Sociedades y, cambiando sus reglas, proporciona al empresario en esta Semana Santa:

V      Sacrificio: Porque exige muy numerosas nuevas formalidades, tales como el detalle de todas las Operaciones Vinculadas y sus sistemas y criterios de valoración o la aplicación por vez primera de las nuevas reformas contables.

V      Penitencia: Porque el cambio tiene carácter retroactivo y se aplica a un año ya cerrado como es 2008 al referirse la declaración que se presenta en este año 2009 y que se refiere a los ingresos de 2008.

Tocará casi rehacer o repasar la práctica totalidad de la contabilidad de todo el 2008.

V      Abstinencia: Porque nuestros gobernantes, evitando esa fuente de pecado que es la Seguridad Jurídica, hasta la fecha de hoy se han abstenido de mancillar el BOE con estos cambios. Cambios que se esperaban para el próximo año (2010) y para los que las empresas no han podido llevar a cabo sus adaptaciones (vea el borrador del nuevo impreso 200).

V      Ayuno: Porque con la que está cayendo y con lo que se le ‘simplifica’ la vida, el trabajo y la financiación, será raro el empresario que pueda mantener ese pernicioso vicio que es comer todos los días.

V      Recogimiento: Porque con todo ello, entre el trabajo y los costes añadidos, será también raro el empresario que pueda salir de casa.

Y todo ello incidiendo –como siempre debe ser−, sobre los más pobres. Serán las PYMES las que tendrán más problemas al tener que adaptar o revisar TODA la contabilidad del año 2008 al nuevo sistema y no tener en su mayoría medios para tal adaptación.

¡Demos gracias!, porque gracias a la innata sabiduría y la altura moral de nuestros gobernantes, el empresario ganará el cielo de los justos.

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