Archivos para Abril 2009

Actitud ante crisis: lo que oí ayer

Ya vengo tratando desde hace tiempo en este blog sobre la crisis y las situaciones que a nivel personal esta está creando. Los despidos se suceden y la inseguridad laboral se hace cada día más patente. Todos los informes económicos afirman (con absoluta unanimidad) que esta situación puede llevar años. Y ante ello vemos las dos posiciones contrapuestas con las que se está afrontando la situación:

  1. Esperar a que pase la tormenta: Corriente mayoritaria encabezada por nuestros sabios gobernantes, los sindicatos y una inmensa mayoría de los poderes económicos que han conseguido, prácticamente, paralizar la economía del país desde hace ya más de un año.
  2. Adaptarse y ‘hacer algo’: Corriente minoritaria liderada mediáticamente por el popular, cercano y televisivo, aunque sabio, profesor Don Leopoldo Abadía. “hacer, ¡lo que sea!”, dice él.

Me he fijado en esto por una situación bastante particular que me encontré hace unos días.

Por un lado, un alto directivo de una importante empresa nacional, con años de experiencia y un  M.B.A. por una prestigiosísima escuela de negocios, había leído uno de estos informes sobre la crisis que afirmaban que podían faltar 10 años para la recuperación económica. Catástrofe que, a pesar de no ser nada nueva para cualquiera que lea a diario la prensa económica, este alto directivo asumió de forma pasiva y resignada. “¡Ante eso, nada se puede hacer!”.

Por contra me contaban que uno de sus subordinados, un empleado sin más preparación económica que mantener a una mujer con un empleo precario y tres niños en edad escolar (que no es poco), viendo peligrar su puesto de trabajo, se planteaba cobrar un despido cuando aún está a tiempo, capitalizar el paro e invertirlo todo en un negocio que se le ha ocurrido.

 Por una parte me llamó la atención en este caso porque la prestigiosísima escuela de negocios, que inculca a las élites económicas del país la capacidad de iniciativa, de innovar y de adelantarse y adaptarse a los cambios por el módico precio de casi 60.000,00€ (sí, ¡sesenta mil Euros!), en este caso, ha fracasado.

Y por otra parte porque reafirma que no es necesario ser un reputado economista para tener iniciativa y una idea de negocio. Microsoft nación en una garaje, Google en un dormitorio de un campus universitario, y hasta un argentino amante del jazz se inventó, literal y sucesivamente, una empresa inmobiliaria, una de biotecnología y varias de telecomunicaciones y servicios de internet.

No sé si este subordinado del que hablaba triunfará en su proyecto, pero lo que es seguro es que, de los dos casos planteados, es el único que puede salir de la crisis y generar riqueza. Todo dependerá de si se deja asesorar, por quien y como, de sus capacidades y hasta de su suerte. Porque la iniciativa, las ideas y la capacidad de adaptación no se pueden comprar, pero un buen asesoramiento sí. Lo que cuenta en un principio es la idea

Como me interesó su caso ha quedado en llamarme para hablar un poco de su proyecto, así que intentaré explicarle de una forma realista lo que se le viene encima y los elementos de principio esenciales para que el proyecto pueda –tal vez– salir bien. Ese plus que no ofrecen las “gestorias” a las que casi todo el mundo acude y que en su mayor parte ofrecen en creación de empresas casi la misma información técnica que Google… aunque esta ya es otra historia.

Pd: Y finalmente, aunque no sea propiamente el tema de este post, quisiera terminarlo señalando que no pretende ser este una crítica  las Escuelas de Negocios, que en la inmensa mayoría de los casos sí que inculcan a sus alumnos esa forma de pensar que permite adelantarse y adaptarse a los cambios e innovar (al menos las buenas), sino a una mentalidad que desgraciadamente se puede encontrar hasta en esos círculos.  

La quiebra de mi carnicero (versión dramatizada)

El plan de Marketing

Mi carnicero, con esto de la crisis lo está pasando fatal. Según dice la pescadera, porque la gente ha pasado del chuletón a la lechuga y cada vez vende menos. Y según dicen las malas lenguas, está al borde de la ruina.

Hoy he ido de compras, y este  mi carnicero ante este panorama, en un cuidadosamente detallado plan de marketing, había emprendido una agresiva campaña de promoción que le tenía la tienda llena de señoras y curiosos peleándose por el turno para conseguir la:

GRAN OFERTA ANTICRISIS

- 1kg de pechugas de pollo,

- ½ de alas de pollo,

- ½ de muslos de pollo

- ½ docena de huevos

- y un pollo entero de 1,5 kg,

¡¡¡Todo por  SÓLO 15,00€!!!

 

Como hay confianza porque está al lado de casa, y como la actitud  de las señoras se volvía cada vez más agresiva de forma que me hacía temer incluso por mi integridad, decidí pagarle a mi carnicero los 15€ quedando en pasar más tarde a recoger la ‘granja avícola’ que tenía de oferta.

Al incumplimiento por los conflictos

Justo antes de cerrar a la hora de comer he pasado a recoger lo pagado.

Ya al entrar he encontrado los restos de la batalla en la que, según me cuenta, las señoras, tras no alcanzar un acuerdo consensuado sobre los turnos y utilizar los huevos como proyectiles, han acabado devorando en crudo e in situ, el pollo, unas morcillas de Burgos que acababa de recibir y hasta a parte de mi carnicero (atentado este contra su persona llevado a cabo por una alguna señora de aspecto distinguido que al grito de “el carnicero me resulta atractivo” −aunque con palabras algo menos elegantes e irrepetibles en este post− le tiraba mordiscos a discreción.  

El resultado del conflicto es que mi carnicero ha perdido la pulcritud y orden de su establecimiento, la honra y mi pollo.

¡Pero yo ya lo había pagado!

Le exijo el pollo, y a pesar de su deseo −que dice verse truncado por factores externos tales como la crisis, las restricciones de crédito, la situación crítica del mercado (obvia en su tienda) y su honra mancillada− no me lo puede dar porque no le queda nada.

Al juzgado y fiasco

Preso de furia e indignación me dirijo directamente al juzgado y le demando para que me devuelva el dinero o me entregue el pollo. Y como el acreedor que creo ser −y ante lo que se rumorea de su ruinosa situación financiera−, insto en otro juzgado el Concurso de Acreedores del carnicero para asegurarme las garantías que otorga la Ley Concursal (antigua suspensión de pagos y quiebra). 

Ala salir ya con cierto desahogo del segundo juzgado de lo Mercantil, me encuentro con  el Juez titular del mismo, y en la misma escalera le relato mi catástrofe. Este juez, ante mi perplejidad, me dice que no puedo hacer lo que pretendo. Que no soy acreedor. Que no tengo derecho a instar el Concurso y que, a pesar lo que afirma algún prestigioso diario nacional hoy, esta resolución no perjudica mis derechos como comprador ni “cierra una vía para que los particulares reclamen deudas y consigan liquidez

¿Raro? Pues esta ha sido la misma reacción de un buen señor en Málaga en la compra de su vivienda sobre plano y la misma respuesta ha obtenido.

El porqué

El art.3 de la Ley Concursal establece: “Para solicitar la declaración de concurso están legitimados el deudor y cualquiera de sus acreedores

Lo que me ha dicho el Juez y lo que ha establecido el Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Málaga, con absoluto respeto a la ley (y a la lógica jurídica), es que ni este señor con su piso ni yo con mi pollo somos acreedores porque no hay una deuda determinada. Se puede entregar el pollo/el piso, o el dinero, o la correspondiente indemnización en su caso. Y además el primer juzgado no ha resuelto sobre la demanda de resolución del contrato de compraventa.

El derecho de crédito del que somos titulares no está suficientemente determinado: “origen, naturaleza, importe, fechas de adquisición y vencimiento y situación actual del crédito”, exige le Ley   

Para ser acreedores y poder así instar el Concurso de Acreedores deberíamos haber resuelto previamente el contrato e instado la devolución de las cantidades entregadas a cuenta. Y sin esto, no hay deuda y estamos legitimados para solicitar la quiebra (actualmente Concurso de Acreedores).

 

La crisis y la imaginación en las relaciones laborales

Aunque a la mayoría de los mortales les parezca raro que a alguien le pueda llamar la atención un Artículo de una ley. A algunos abogados nos pasa.

En mi caso concreto, el artículo que me ha llamado más la atención desde mis ya lejanos años de facultad, ha sido ese del Código Civil que dice que las partes en un contrato pueden pactar lo que quieran siempre que no sea contrario “a las leyes, a la moral ni al orden público”.

Este simple artículo abre un mundo de posibilidades a cualquiera con un mínimo de imaginación, creatividad, flexibilidad y capacidad para innovar. No hay contratos ‘estándar’. Casi cualquier proyecto se puede llevar a la práctica.

Pero esto es un tema que ya tocará a su debido momento en este blog. Lo que me sugiere esta idea es, en esta situación de crisis “¿porqué no aplicar esta ‘flexibilidad’ y esta imaginación de las relaciones mercantiles a las relaciones laborales?.

Planteamiento:

1.      Por si alguien no se ha enterado: estamos en crisis

2.      Por si alguien tampoco se ha enterado: la medida estrella para rebajar costes es el despido individual o el expediente de regulación de empleo (ERE).

3.      Y por si alguien no lo sabe: eso es muy malo para el trabajador que se queda en paro; pero también para la empresa que pierde en muchos casos personal cualificado, integrado y productivo que le costará recuperar cuando las circunstancias cambien.

Y es ante esa situación ante la que la creatividad, la iniciativa y el diálogo de las partes pueden hacer algo para evitar lo que se tiene como inevitable.

Sugerencia:

  • Acuerdo para la reducción salarial temporal
  • Reducción de jornada con la consecuente reducción de salario.
  • Excedencia voluntaria durante alguno o algunos meses (coincidiendo con las vacaciones escolares, por ejemplo).  
  • Reducción –con compensación futura o no– de los beneficios hasta ahora existentes en algunos casos (ticket restaurante, seguro médico, bonus, etc).
  • Reducción de costes fijos a través de soluciones como el teletrabajo.
  • Implementación de programas que incentiven entre los trabajadores la reducción de costes y gastos fijos (electricidad, , teléfono, material de oficina, etc).
  • Implementación de programas que vinculen el salario a la productividad.
  • Programas de fomento, en su caso, de la movilidad tanto geográfica como funcional dentro de la empresa.
  • Renegociación, ante la situación de crisis, de contratos fijos como arrendamientos.
  • Replanteamiento de los contratos de suministro y análisis de su costo. Por ejemplo existen empresas que realizan estudios sobre los gatos en telecomunicaciones de las empresas y ofrecen las soluciones más económicas.
  • Cualquier otra de las soluciones a las que casi sólo la imaginación y las circunstancias pueden poner límite.

Porque para el empleado todo es mejor que el INEM

Porque, sin olvidar el coste del despido, para la empresa todo es mejor que la destrucción del tejido productivo… porque la crisis pasará y para eso también hay que estar preparado.

Y porque todos estos sacrificios son en principio temporales hasta que la empresa recupere toda su actividad y favorables para ambas partes.

Eso sí, al plantear cualquiera de estas posibilidades, será necesario cuidar las formas. Será difícil de justificar desde el punto de vista de la necesaria negociación –y, porqué no, ético–  ciertos sacrificios para los trabajadores si los directivos de la empresa no mantienen al mismo tiempo la debida austeridad en el gasto corriente y no renuncian a otros beneficios tan visibles como bonus, comidas, viajes, coches de empresa o  cheques gasolina.

 

Estación de Penitencia e Impuesto de Sociedades

Es la Semana Santa tiempo de sacrificio, penitencia, ayuno y abstinencia.

Y son nuestros sabios gobernantes los que en bien del alma de los contribuyentes, en este tiempo de recogimiento, realizan estos esfuerzos para que los empresarios cumplan con estos deberes que limpian su alma (y otras cosas).

Para ello, nuestro bien amado servicio recaudador ha modificado el impreso del Impuesto de Sociedades y, cambiando sus reglas, proporciona al empresario en esta Semana Santa:

V      Sacrificio: Porque exige muy numerosas nuevas formalidades, tales como el detalle de todas las Operaciones Vinculadas y sus sistemas y criterios de valoración o la aplicación por vez primera de las nuevas reformas contables.

V      Penitencia: Porque el cambio tiene carácter retroactivo y se aplica a un año ya cerrado como es 2008 al referirse la declaración que se presenta en este año 2009 y que se refiere a los ingresos de 2008.

Tocará casi rehacer o repasar la práctica totalidad de la contabilidad de todo el 2008.

V      Abstinencia: Porque nuestros gobernantes, evitando esa fuente de pecado que es la Seguridad Jurídica, hasta la fecha de hoy se han abstenido de mancillar el BOE con estos cambios. Cambios que se esperaban para el próximo año (2010) y para los que las empresas no han podido llevar a cabo sus adaptaciones (vea el borrador del nuevo impreso 200).

V      Ayuno: Porque con la que está cayendo y con lo que se le ‘simplifica’ la vida, el trabajo y la financiación, será raro el empresario que pueda mantener ese pernicioso vicio que es comer todos los días.

V      Recogimiento: Porque con todo ello, entre el trabajo y los costes añadidos, será también raro el empresario que pueda salir de casa.

Y todo ello incidiendo –como siempre debe ser−, sobre los más pobres. Serán las PYMES las que tendrán más problemas al tener que adaptar o revisar TODA la contabilidad del año 2008 al nuevo sistema y no tener en su mayoría medios para tal adaptación.

¡Demos gracias!, porque gracias a la innata sabiduría y la altura moral de nuestros gobernantes, el empresario ganará el cielo de los justos.